Salmito XIV (Detengan a ese impostor)

Lo fácil es decir que te negamos y te
traicionamos cuando hacemos esas cosas comunes y resbalosas que los expertos llaman - con soberbia y superioridad - pecados.
Lo fácil es inculparnos unos a otros por lo que te hicieron y decir que te lo hicimos, y que somos ese Judas, ese Pedro, por las cosas que, sí, pudimos evitar y nos dañaron, pero que al final, no, ni evitamos ni evadimos y cargamos sus efectos.
Lo fácil es reducir lo tuyo a un inventario de comportamientos que terminaste pagando por nosotros.
Pero no.
No es esa nuestra traición.

No te niega el que se equivoca, sino el que te desconoce llevando tu nombre a cuestas.
Si te hemos traicionado, ha sido por volverte ese mesías imperial y pomposo que jamás quisiste ser.
Si te negamos, ha sido al hacer de tu familia una estructura de escalones, ascensos y ornamentos que nada tienen que ver contigo.
Traición a tu memoria, ese dogma que te aleja de nosotros.
Y negación esa insistencia en hacerlo todo viejo e intocable.
Cuando hasta los pastores indecentes y mugrosos te tuvieron resucitado en sus manos.

amén

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