Salmito IV (Nunca dejes de cantar)
Al cielo mis ojos, mi voz, mis manos
Bajo mis pies la tierra que haces bendita con tu aliento
¿Cuánto de mí aún queda por amarte, por encontrarte?
Donde sueles quedarte a esperarme, a quererme
Entre estos días con su miel y su cebolla, con su abrazo y su sequedad.
Fui el que te hablaba en cada noche
En cada canción te rozaba
Ganamos cercanía en cada sueño nuevo
Y te sentí en todas las lágrimas.
Hoy no te persigo, lo confieso
No te siento distante, no te llamo.
Ignoraba que tu amor, como la vida
jamás se aparta del corazón encendido
Lo supe un día, lo entendí, lo lleve al pecho
y jamás estuve solo de nuevo.
Me has amado, señor, y has abrazado mis intentos.
No querías a otro. No me reclamabas disfraces ni posturas.
Olvidas mis caprichos y mis distracciones
Pero recuerdas cada trozo de mí
que yo mismo pierdo de vista.
Querías mi voz, mis letras y mi amistad
Y yo preguntaba ¿por qué?
Sabías que soy este, y bañaste de tu paz mi mirada y mis preguntas.
Traigo entonces a este día la intacta piel de mis pasados
Una por una has curado mis heridas
Vienes siempre, vuelves siempre
Y tu saludo es el de quien sabe que todos mis rincones son tu casa.
amén
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