Salmito VI (¿Y si hacemos un muñeco?)
Yo confieso ante dios todobondadoso y ante ustedes hermanas, hermanos:
Que practiqué los ritos esperando aprobación
Que celebré liturgias orgulloso de entenderlas, husmeando en la impertinencia de los despistados de la rúbrica
Que repetí respuestas bajo el indiferente techo de las catedrales, llenando el aire de monotonía
Que sentí temblores en el pecho por mirar los gestos de un altar que dios no pide
Que canté - tan conmovido - aquellas frases que nada tienen en común con los sentimientos de Cristo
Que confesé lo que me dijeron que estaba mal, negando la bondad del que todo lo hizo bien
Que observé las normas escritas y recitadas de señores que no sabían lo que decían
Que renuncié a cosas por las que luego reclamé a un cielo que jamás me las pidió
Que acepté e hice mía una doctrina capaz de hacer la vida insoportable, antes de mirar con sorpresa la ligera y fresca alegría de tu buena noticia
Por mi culpa, por su culpa, por nuestra tonta culpa
Por eso pido a Jesús, a su madre y sus hermanas, amigos y compañeros
Que me recuerden a diario que no hay dios que nos señale, ni amor que nos acuse
amén
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