Salmito VIII (Todo comienza en el desierto II)
Perdona la impaciencia
la mirada repetida hacia el reloj
la insistente pregunta
¿en cuánto tiempo llegas?
Es sólo que aquí las cosas parecen un campo de guerra.
Los rotos vidrios de nuestras certezas, quebrados por la evidencia de tanta hipocresía, de tanta afición al poder y el prestigio, parecen rasgar todo lo que sabíamos.
Somos los que por años escuchamos y tomamos atenta nota de cuanto nos decían sobre ti.
Cuando entre elegancias y frases rimbombantes nos enseñaron que tu interés no era esta vida, este sudor, ni esta sed. Sino aquella ajena eternidad gregoriana a la que seríamos admitidos si permanecemos quietos, callados, obedientes.
Ya ven.
Rasga los cielos
múdate aquí.
Que no basta despedir lo repetido y deshacernos de las caretas con las que pretendieron desfigurarte.
Queremos ver tu rostro
Tocar el latido de tu pecho
Rozar con la punta de los dedos el borde de tu aliento.
Ahora que todo se ha roto
Que aquella ilusión ha revelado su engaño
Asoma tu alegría tras estas ruinas de amenaza. Jura de nuevo que no habrá llanto ni dolor del que no brote una fiesta.
Entréganos los trazos de este mundo nuevo, en el que tocaremos con esta piel y estos labios la vida que todo lo vence.
amén
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