Salmito VII (Dejemos eso para el final)
No.
No te asustes, corazón.
Que no se te llenen de fuego los nervios
Ni se te atore el aliento antes del pecho.
Existen las tormentas, la oscuridad y los monstruos
no vamos a decir que no
como si no los hubiéramos ya visto
como si no hubiéramos pasado alguna noche acurrucados y temblando
esperando despertar de lo que, suplicábamos, fuera una pesadilla.
No solo existen el dolor, el sufrimiento, la injusticia y la crueldad
sino que a veces nos acercan sus colmillos contra el cuello.
Y sí.
Más de una vez esos colmillos han devorado la paz y la inocencia.
Han tomado las vidas de los simples para exhibir poder.
Pero nada termina ahí.
No temas ni te angusties
que todo daño tiene vencimiento
que los días de la desolación están contados.
Sí, hay uno más fuerte
y sus manos no llegan vacías a la casa de nuestras lágrimas.
Trae la vida y la paz.
Trae una alegría imposible de robar.
Trae el abrazo de los que nos fueron quitados.
Trae la victoria de un día soleado en el que podamos rescatar del fango, también, el corazón de los tiranos que nunca han sabido lo que hacen.
amén
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