Todo
Todo es bueno
todo quedó bien
Pero todo.
No los pedacitos.
Los trozos son la obsesión de los infelices.
Así, aferrarnos es la mejor manera de perder el infinito.
Lo que nos salva, pues,
es el amor que resucita nuestro todo
que no descarta ni una parte,
de modo que también el TODO de las galaxias,
las gotas de sudor y las cebollas,
halle rescate en nuestros ojos.
Hosana
ven, sálvanos.
amén.
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