¡Magnífica!
Mi
alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra en dios mi Salvador porque ha
mirado la humildad de su sierva.
(Dice que no le cabe en el pecho la alegría y que hoy dios le parece más grande que el cielo y que el mar juntos, porque ella, tan chiquita, tan invisible, ha resultado siendo la preferida, la más importante.)
Desde
ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas
grandes el poderoso.
(y todos los que algún día sepamos de ella, debemos notar que ante todo fue una mujer feliz, una mujer que no podía parar de sonreír porque dios se había portado muy bien con ella, haciendo cosas que todavía, desde tan lejos en el tiempo y en el espacio, se pueden ver.)
Su
nombre es santo, y su misericordia es eterna con todos los que le honran.
(Porque lo que pasa con dios es que no se parece a nadie, es distinto a todo lo que creemos que es fuerza, y poder, y grandeza, lo suyo es puro corazón, con capacidad de sentir la miseria de todos y de perdonar a todos por siempre.)
Actuó
con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio, derribó de sus
tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes, colmó de bienes a los
hambrientos y a los ricos los despidió sin nada.
(Y que aunque se nos olvide que María lo dijo, es verdad: dios no anda de coctel con la gente que se viste con ropa de diseñador, ni se siente cómodo con los que miran a los demás con desprecio, que a él no le impresionan los títulos, los cargos, ni los votos, sino lo que le impresiona es la valentía de los analfabetas, el coraje de los desempleados, y la fuerza de los que resisten días y noches sin tener un techo, y que es a ellos a los que les da todos sus regalos, mientras que los otros, los que andan comprando el mundo y sus acciones, se quedan con la mano estirada.)
Tomó
de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había
prometido a nuestros antepasados, a favor de Abraham y de sus descendientes
para siempre.
(Y a todos los que son de su pueblo, los que creen, los que luchan, los que siguen soñando con que el planeta pueda ser algún día la tierra prometida, sigue llevándolos a su lado, porque él es bueno, porque no se olvida de lo que quiere, de lo que nos propuso, que podamos ser todos una familia de verdad, cuidando unos de otros, presentes siempre en la vida de los hermanos como presentes están todas las noches las estrellas del cielo.)
Amén.
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