De Josué (Inspirada en el poema “Invictus” de William E. Henley)
Acurrucado en un rincón, reuniendo fuerzas para despertar y levantarme
No puedo ni ver
las palmas de mis manos frente a mí
La oscuridad
está por todas partes, parece más grande y más poderosa que todo
Como una piscina
de sombra en la que somos sumergidos
Para dudar de lo
que somos, de lo que podríamos hacer
Desde este
pequeño espacio mío, únicamente mío, te llamo
No para pedir,
no para suplicar, no para reclamar
Llamo para
agradecerte mi Dios, para reconocer lo que has dado
La fuerza
inagotable de mi pecho, un tono inconfundible para mi ser
Mi alma, de la
que nadie jamás podrá apoderarse
Gracias luz
eterna, en donde estés, por el sello de tu cariño desde el día en que nací.
Los días no
tienen todos la misma textura
Si bien unos son
suaves y se sienten como si hubiéramos pedido vivirlos
Otros son duros,
rudos, hasta crueles
Días que
quisiéramos que tuvieran menos minutos, menos horas
Para que se
acabaran con sólo cerrar los ojos
Pero aún en
medio de ellos, te prometo que no voy a protestar, no levantaré la voz
Aunque me
apriete la dificultad no gritaré
Aunque la suerte
parezca una mala broma que favorece siempre a otros
Me mantengo de
pie y tranquilo, contigo a mi lado y sobre mí
Aunque no
parezca haber nada que mirar hacia adelante
Mi frente va a
estar siempre en alto.
Desde aquí se ve
la tierra en la que están sembradas todas tus promesas
Distante como
una ilusión, posible como una esperanza
Aparecen cientos
de advertencias para que me aleje
Hay quienes se
hacen expertos en inspirar temor
Y su misión es hacer
que los demás retrocedan
Pero con todo, yo
sé que voy contigo, y tenga vientos a favor o en contra
Mareas para
navegar o sucumbir, tomado de tu mano
No hay reto que
me encuentre sin Fuerza suficiente
No hay decisión
para que lo que pueda encontrar Valentía
“Soy el amo de
mi destino
Soy el capitán
de mi alma”
Amén.
(Fragmento del Libro: Felicidad comienza con Fe)
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