Carta

Quiero regar el corazón sobre tu mesa
quiero romper el cristal de mis miedos en la escalera que va hacia tu cuarto
y en la ventana por la que miras el mundo quiero dejar una carta escrita sobre mi piel con sudor y sangre

En la carta yo pondría una introducción corta, para no darle vueltas al asunto.
para solamente explicar el motivo que me alentó a escribirla
diría que lo siento
que no sé nada
que mis manos están vacías
que la verdad me es escurridiza
que mi orgullo es mi muralla china
diría: me rindo
diría: te necesito
diría: Aquí estoy

El cuerpo de la carta será sin duda un cuerpo herido, un cuerpo tenue, pálido, convulsionante
un cuerpo que sin duda ha probado el dolor de la derrota y el dolor de la fortuna. Que ha recibido golpes de la noche, de la ira y del espejo
será un cuerpo que evidencia el paso del fuego, un cuerpo que estuvo encendido y ahora alberga de la llama sólo la semilla y la esperanza
un cuerpo que se agita porque se niega a ver fracturadas sus decisiones, a ver inflamados los temores y cicatrizados los sueños
Al leerlo, encontrarías historias de las mil y una noches que pasé de cuento en cuento buscando frenético el Reino de los Cielos
mi búsqueda que me llevó a templos, caminos, pueblos, seminarios, púlpitos, aplausos, sábanas, escondites, clínicas, salones de clase, salidas traseras, hoteles y paisajes
por qué no empecé por mí?

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo…
y yo soy un hombre que encontró su tesoro en un campo que lleva tu nombre
como es de suponer lo quise llevar pero pronto supe que no era posible
que la gravedad de tu rostro ni siquiera me permitía levantarlo
decidí que lo vendería todo
y cuando digo todo… es todo
para venir a poner mi tienda en este campo
Campo verde y fértil, que tiempo atrás fue sólo tierra, pero tierra que llevaba en su historia un promesa
este campo fue albergue de nuestros padres, viña cavada con lagar y torre, valle de huesos secos y cuna de un chiquitín con huesos llenos de vida.
en este campo se alzó tu voz y se vertió tu sangre
en este campo cayeron las migajas de la mesa del que ama mi alma
y así tuvimos todos nuestra parte del banquete.

Pero pese a mi decisión, el trasteo ha tomado mucho tiempo.
sobre todo por querer traerlo todo hacia acá.
ah! ambiciosa humanidad que no le vale la dicha y exige también confort!!!

Con lo fácil que sería desnudarse, regalarlo todo, perder los miedos, las cobijas y el curul.
con lo hermoso que sería entrar en el campo aquel con la camiseta harapienta del equipo de la verdadera y perfecta alegría.
con lo simple que es revestirse de amor, que es la armadura perfecta y el único ornamento verdadero

Aún así, mi carta diría que de ir y volver, tratando de reconstruir mi cuarto en mi pobre tienda, se me han agotado las piernas, me duele la espalda y perdí la orientación a mitad de camino

Hoy la carga de mis maletas y la lonchera de mis pensamientos me han confundido, ya no se dónde queda nada
no he tomado camino porque temo regresar a la casa vieja, de aquel hombre viejo que algún día fui.
Pero no quiero que me salgan raíces a mitad de camino.
quiero echar a andar de nuevo hacia el campo aquel, donde brilla para los hombres la vida verdadera

Así que mi carta terminaría diciendo:
“Bueno, y con esta descripción del lugar donde me encuentro, y sabiendo que estoy dispuesto a caminar sin descanso…
¿podrías venir a buscarme? por favor?”

amén

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