Cuando
Cuando se ha creído que eres esa euforia, el pecho hinchado en la algarabía y la fiesta, cuánto cuesta entender que también eres el silencio, la constancia de la repetición que asegura el movimiento del universo.
Cuando se ha pedido que seas la suerte, la fortuna de salir con vida, la abundancia y el derroche, cuánto cuesta notarte en la desolación, la tragedia, en el doloroso final sin el cual no hay nuevos comienzos.
Cuando se ha gritado que eres la fuerza, la victoria, cierto privilegio exclusivo que quienes te creen tendrían ante la adversidad, cuánto cuesta acoger la fragilidad, las propias grietas, este vivir expuestos a partirnos en pedazos en cualquier instante.
Cuando te hemos confundido con nuestros deseos de poder, con nuestra sed de atajos, con una salida de escape a la vida verdadera, cuán fácil nos resulta deformar aquel pesebre, mutilar la cruz, quitarle al amor su entrega y a la alegría su sudor.
amén.
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